El terrorismo de actor solitario en Europa

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Lone-actor terrorism in Europe
Fecha de publicación: 02/2025
Autor:
Ovidiu Craciunas and Diego Muro
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Ovidiu Craciunas, doctorando, Centro para el Estudio del Terrorismo y la Violencia Política, University of St Andrews

Diego Muro, profesor titular de Relaciones Internacionales, Centro para el Estudio del Terrorismo y la Violencia Política, University of St Andrews

Los atentados terroristas perpetrados por personas que actúan en solitario y sin vinculación directa alguna con grupos terroristas, conocidos como terrorismo de actor solitario, representan un gran desafío para las sociedades europeas. Aunque, en general, este tipo de terrorismo carece de la complejidad de los complots llevados a cabo por grupos terroristas, el «terrorismo de actor solitario» puede ocasionar numerosas víctimas y tener consecuencias importantes.

¿Cómo podemos reconocer el terrorismo de actor solitario cuando lo tenemos delante? ¿Qué características presenta esta amenaza en el contexto de Europa? ¿Cómo pueden los gobiernos afrontar este desafío y cómo se perfila el futuro? El presente artículo ofrece una visión general de este fenómeno en la Europa del siglo XXI.

Dado que el terrorismo suele considerarse el «arma de los débiles» y es utilizado por los grupos en sus luchas contra oponentes más fuertes, quizá no debería sorprender que las personas que actúan en solitario y se sienten impotentes frente al Estado o frente al conjunto de su comunidad también recurran a esta estrategia para alcanzar sus objetivos políticos. El caso de la agresión con arma blanca ocurrida en la ciudad inglesa de Southport el 29 de julio de 2024 –que acaparó titulares no solo en Reino Unido, sino también en los principales medios de comunicación de toda Europa– ilustra lo difícil que puede resultar el simple reconocimiento de este fenómeno. Ese día, un taller de danza al que asistían niños y niñas de entre 6 y 11 años se convirtió en el objetivo de un ataque brutal cometido por Axel Rudakubana, un ciudadano británico de 17 años nacido en Cardiff, cuyos progenitores eran de procedencia ruandesa. Tres niñas que asistieron al acto perdieron la vida, y otras ocho personas menores de edad y dos adultas –que habían tratado de intervenir– sufrieron heridas graves. En el marco del acalorado debate sobre la inmigración existente en el Reino Unido, muchas voces provenientes del espectro político de la extrema derecha se apresuraron a etiquetar este hecho como otro caso de terrorismo perpetrado por alguien que, en su opinión, ni siquiera tenía cabida en el país. Tras el incidente, se registraron protestas multitudinarias y episodios de violencia callejera en todo el país, con ataques dirigidos contra comunidades de inmigrantes, lo que llevó a la policía a presentar cargos contra unas 470 personas por su participación en los disturbios ocurridos durante el verano de 2024.

Las autoridades no consideraron inicialmente la agresión como un acto terrorista, pero, a finales de octubre de ese año, la fiscalía presentó también cargos por terrorismo contra Rudakubana. El equipo de investigación descubrió que el joven tenía en su poder una copia digital de un manual de entrenamiento de Al Qaeda, así como una pequeña cantidad de ricina –una toxina muy potente– que podría utilizarse como arma. El agresor había actuado en solitario, no escribió ninguna proclama ni hizo ninguna declaración para explicar sus motivos, y el objetivo de su ataque no tenía ningún valor simbólico que pudiera reflejar una ideología ni justificar sus actos. El 23 de enero de 2025, Rudakubana fue condenado a un mínimo de 52 años de cárcel, y en las observaciones sobre la condena se señalaba que es probable que nunca sea puesto en libertad. Pero ¿puede considerarse este incidente un atentado terrorista o se trata de otro tipo de violencia extrema? Este caso pone de relieve las importantes consecuencias que pueden tener este tipo de sucesos, así como lo difícil que resulta simplemente reconocer si se trató o no de un acto de terrorismo de actor solitario. 

Comprender mejor el terrorismo de actor solitario es fundamental para entender la lógica de este tipo de actos y, en última instancia, prevenirlos. Aunque no existe una definición universalmente aceptada, un grupo de reconocidos expertos que investigan sobre este tema sostienen que una persona terrorista en solitario es alguien que comete un acto de terrorismo por su cuenta, sin formar parte ni recibir instrucciones de un grupo organizado (Holzer et al., 2022: 1). 

Un análisis de los incidentes de terrorismo de actor solitario registrados en Europa en las dos primeras décadas del siglo xxi pone de manifiesto el hecho de que esta amenaza ha evolucionado y crecido hasta convertirse en un desafío para los gobiernos y las fuerzas del orden.

¿Qué importancia tiene la amenaza que representan los terroristas solitarios en Europa?

Aunque no existen cifras exactas sobre los actos de terrorismo de actor solitario registrados en Europa entre 2001 y 2021 –el periodo de nuestra investigación–, los datos recopilados de fuentes en abierto han proporcionado una visión fiable de este fenómeno y su evolución en el tiempo. La figura 1 se ha elaborado a partir de un conjunto de 56 atentados terroristas perpetrados por un total de 46 terroristas solitarios. Se trata de una simple selección de aquellos casos que recibieron una cobertura informativa y en los que fue posible determinar con suficiente certeza que quien los cometió no formaba parte de una organización. No debe interpretarse como una muestra completa de los actos de terrorismo de actor solitario .

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La figura 1 muestra tanto atentados que fueron perpetraron como algunos complots fallidos o frustrados, pero solo se incluyen los casos en los que no hubo indicio alguno de que la persona atacante recibiera ayuda ni actuara como parte de alguna organización terrorista. Los datos indican que el número de incidentes terroristas protagonizados por actores solitarios aumentó ligeramente en 2009, creciendo de forma más acusada a partir de 2011. La mayoría de las personas que actúan en solitario son detenidas o neutralizadas por las fuerzas de seguridad tras cometer un único atentado. Los casos de Peter Mangs, autor de 15 atentados de baja intensidad perpetrados en Suecia en 2009 y 2010, o Pavlo Lapshyn, autor de un asesinato selectivo y tres atentados con bomba cometidos en el Reino Unido entre abril y julio de 2013, son raras excepciones.  

La evolución creciente que muestran los datos en abierto también se ve confirmada por los informes anuales sobre el terrorismo publicados por Europol, que reflejan que los grupos organizados fueron considerados la principal amenaza durante la primera década del siglo xxi, y el terrorismo de actor solitario se menciona –brevemente– por primera vez en 2008. En 2012, el informe dedicó un subapartado específico a este tipo de incidentes, señalando que iban cobrando relevancia entre los islamistas. Esta mayor atención prestada al terrorismo de actor solitario obedecía también a lo sucedido el año anterior, en el que el noruego Anders Breivik había perpretado en un mismo día un atentado con bomba en el centro de Oslo, que se cobró ocho vidas, y un tiroteo masivo en la isla de Utoya que causó la muerte de otras 69 víctimas, en su mayoría adolescentes. Durante este periodo, los atentados terroristas de actor solitario seguían siendo relativamente poco frecuentes, y un reconocido especialista señaló que eran casos del tipo «cisne negro» (Gill, 2015: 19). Sin embargo, para 2015, el número de incidentes anuales –especialmente los atentados islamistas, que el autodenominado Estado Islámico (conocido también como EI, EIIL o Dáesh, un grupo yihadista salafista que sigue una rama ultraconservadora del islam suní) alentaba– había aumentado. Los informes de Europol muestran el cambio gradual de la amenaza terrorista en Europa, que pasa de los atentados perpetrados por grupos organizados a los atentados perpetrados por personas que actúan en solitario, hasta el punto de que en 2018 todos los atentados islamistas consumados en Europa se consideraron actos terroristas de actor solitario y, en 2020, los informes hacían hincapié en que la amenaza mayor procedía de actores solitarios y células de pequeño tamaño.  

Cabe concluir sin embargo que, aunque el terrorismo de actor solitario ha aumentado considerablemente durante las dos primeras décadas del siglo xxi, sus repercusiones no representan una amenaza existencial para los estados europeos. En lo que se refiere a complejidad, la mayoría de los atentados se perpetran con medios muy simples, como armas blancas, vehículos o armas de fuego y, a veces, usando explosivos. Algunos ataques, como el perpetrado con bombas en la Estación Central de trenes de Bruselas en 2017 –en el que el artefacto explosivo de fabricación casera detonó, pero no causó daños–, pueden calificarse incluso de poco profesionales, mientras que los atentados más complejos y minuciosamente planificados, como el atentado de Oslo y posterior tiroteo masivo en la isla de Utoya de 2011, son poco frecuentes. No obstante, con independencia del grado de complejidad, este tipo de actos pueden cobrarse de todas formas la vida de muchas víctimas, como en el caso del atentado de Niza de 2016, en el que se utilizó un camión como arma para embestir deliberadamente a una multitud, lo que provocó la muerte de 86 personas.

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 La mayoría de los atentados, sin embargo, apenas causan víctimas mortales; pese a ello, su efecto dominó no debe subestimarse porque los gobiernos podrían enfrentarse a reacciones violentas, como en el caso presentado al principio de este artículo. Los atentados islamistas pueden avivar los sentimientos islamófobos entre la ciudadanía, lo que a su vez podría contribuir a la violencia de extrema derecha e incluso a actos de terrorismo de estas características, como el ejemplo ya mencionado de Anders Breivik u otros tales como el de Thomas Mair, autor del asesinato de la diputada británica Jo Cox en 2016, o Stephan Ernst, autor del asesinato del político alemán Walter Lübcke en 2019.

¿Cómo se reconoce un acto de terrorismo de actor solitario? 

Determinar que un incidente es un atentado terrorista de actor solitario depende de dos aspectos, que no siempre están claros. En primer lugar, la agresión debe tener una motivación política, religiosa o ideológica –o al menos debe tener algún componente de esa índole– y también debe pretender influir en un público destinatario más amplio, como un Gobierno o un sector específico de la sociedad. Las motivaciones de quienes actúan en solitario son a menudo bastante complejas, al influir en ellas los agravios personales, y pueden ser mucho menos evidentes que las de quienes pertenecen a grupos organizados. El caso del tiroteo masivo en el instituto Jokela que tuvo lugar en Finlandia en 2007 demuestra lo compleja que puede ser la motivación subyacente a un acto de terrorismo cometido en solitario. El incidente fue esencialmente un tiroteo escolar en el que los agravios personales influyeron decisivamente en la motivación de Pekka-Eric Auvinen, de 18 años, que había sufrido constantemente el acoso de estudiantes de su clase. Sin embargo, los materiales que dejó también revelaban un motivo político –o al menos un componente político en su motivación–, como la esperanza de que sus actos inspiraran a otras personas y desataran una «revolución contra el sistema». Esto permitiría calificar su ataque no solo de tiroteo escolar, sino también de acto terrorista. En un ejemplo contrario, el caso del atentado perpetrado por el joven de 22 años Jake Davison en Plymouth (Reino Unido), en 2021, demuestra que ciertos sucesos pueden parecer atentados terroristas, sin que investigaciones más profundas encuentren ningún tipo de motivación política. En este ejemplo, aunque el autor era seguidor de las ideas misóginas del celibato involuntario (incel) generalizadas en Internet, el ataque fue el resultado de un incidente intrafamiliar especialmente violento que se extendió a la calle y provocó un tiroteo masivo y el posterior suicidio del autor.

En segundo lugar, quienes cometen los atentados no deben tener vínculos con ningún grupo terrorista existente ni tampoco haber recibido ayuda directa para la planificación, preparación o ejecución de la agresión. En este sentido, algunos atentados pueden parecer inicialmente perpetrados por terroristas solitarios, pero en las investigaciones posteriores se descubre que esa persona recibía apoyo o incluso era miembro de un grupo terrorista. Tal fue el caso del atentado contra un mercado navideño en Berlín, en 2016, en el que posteriormente se descubrió que el autor, el joven de 24 años Anis Amri, tenía vínculos directos con una célula islamista, así como con un conocido reclutador de Estado Islámico. En contadas ocasiones, un atentado perpetrado por más de una persona puede considerarse un acto de terrorismo de actor solitario, como sucedió en el caso del asesinato de un soldado británico fuera de servicio en Londres en 2013; en el que los dos atacantes islamistas, Michael Adebolajo y Michael Adebowale, no formaban parte de ningún grupo terrorista ni habían recibido ayuda externa de ningún tipo.  

Además, también cabe señalar que es muy fácil que las autoridades y el personal investigador no detecten los incidentes de terrorismo de actor solitario cuando sus repercusiones son demasiado limitadas como para que la prensa se haga eco de ellos, o cuando los sistemas jurídicos de los países en los que se produjeron los hechos no los consideran actos de terrorismo o cuando, simplemente, no hay pruebas suficientes para determinar un motivo político o si quien lo cometió actuaba al margen de las organizaciones terroristas existentes. Ejemplo de esto puede ser un incidente ocurrido en Bucarest (Rumania) en 2022, en el que un coche cargado de material incendiario se estrelló deliberadamente contra la verja de la embajada rusa, tras lo cual el conductor se prendió fuego. Aunque estaba claro que este último había actuado solo, sus publicaciones en las redes sociales parecían sugerir al menos algún motivo político. Sin embargo, la fiscalía descartó rápidamente el terrorismo, centrándose más bien en los problemas personales que sufría el autor, por lo que calificó el suceso de suicidio.

Terrorista solitario versus terrorista lobo solitario  

Una revisión de los casos históricos de violencia con motivación política sucedidos en Europa pone de manifiesto que ya hubo casos de terrorismo de actor solitario a finales del siglo xix, y probablemente incluso antes, aunque no eran muy comunes. Algunos ejemplos de las primeras personas que cometieron estos actos de terrorismo son Vera Zasúlich, que en 1878 intentó asesinar al gobernador de San Petersburgo; Luigi Lucheni, que en 1898 asesinó a la emperatriz de Austria, y Gaetano Bresci, que en 1900 asesinó al rey de Italia. Desde luego, estos casos no se reconocerían como terrorismo de actor solitario hasta mucho más tarde, porque el término en sí es mucho más reciente que el fenómeno. 

El término «terrorista lobo solitario» (lone-wolf terrorist) se acuñó mucho antes que «terrorista solitario» (lone-actor terrorist), pero ambos se utilizan indistintamente: en el ámbito académico estadounidense se suele preferir el primero y, en el europeo, el segundo. En este contexto, el término lobo solitario apareció a principios de la década de 1990 en los escritos de personas partidarias del supremacismo blanco y de activistas de extrema derecha estadounidenses. A mediados de esa década, Tom Metzger –antiguo miembro del Ku Klux Klan y fundador de Resistencia Aria Blanca (WAR, por sus siglas en inglés)– publicó dos ensayos en su página web, titulados «Begin with the Lone Wolves y Laws for the Lone Wolf», que suscitaron una atención considerable sobre este término (Spaaij, 2012: 25; Gill, 2015: 5). Para cuando ello despertó el interés del mundo académico, periodistas y analistas de diversos ámbitos ya habían empezado a utilizarlo. Este origen provocó que algunos investigadores sobre el terrorismo, como Borum, Fein y Vossekuil (2012: 390) y Gill (2015: 11), rechazaran la expresión terrorismo de lobo solitario. Conforme la investigación sobre este tema se intensificó durante la década de 2010, el término terrorismo solitario fue ganando aceptación en el ámbito académico, pero no llegó a reemplazar del todo al anterior.

¿Son diferentes los terroristas solitarios de los terroristas vinculados con grupos?

Desde el punto de vista demográfico, los terroristas solitarios son, en general, personas de más edad y con mayor probabilidad de estar desempleados o no mantener relaciones sentimentales ni matrimoniales, en comparación con los terroristas vinculados con organizaciones. Un aspecto importante en el que estos dos tipos de terroristas muestran diferencias es en la salud mental. Las tasas de problemas de salud mental parecen ser significativamente más elevadas en las que actúan en solitario en comparación con las vinculadas con grupos, así como con respecto a la población en general. También hay indicios de que este factor podría influir en la decisión de recurrir al terrorismo en solitario, ya que estas personas no pueden cumplir los requisitos –muchas veces de tipo militar– que algunos grupos imponen a quienes aspiran a sumarse a ellos.

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Por último, también cabe señalar que, en ocasiones, la línea divisoria entre estas dos categorías es muy difusa. Por ejemplo, Khairi Saadallah, autor de un apuñalamiento múltiple en el Reino Unido en 2020, había sido miembro de un grupo terrorista sirio llamado Ansar al Sharia durante su adolescencia; y otro terrorista solitario, Stephan Ernst, autor del asesinato de un político alemán en 2019, había pertenecido a varios grupos neonazis locales durante su juventud y había estado en contacto con miembros de la organización terrorista neonazi Combat 18. Sin embargo, cuando perpetraron los atentados, hacía tiempo que ambos habían abandonado estos grupos y no había indicio alguno de que mantuvieran contacto con ellos. Ambos habían estado en prisión antes de los respectivos atentados de 2020 y 2019, y se habían sometido a programas de desradicalización (Ernst incluso se casó y fue padre tras su puesta en libertad), con lo que convencieron a las autoridades de que habían logrado rehabilitarse.

¿Por qué actuar en solitario?

Las medidas gubernamentales antiterroristas y de vigilancia evolucionaron considerablemente durante la primera década del siglo xxi, especialmente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 perpetrados por Al Qaeda en Estados Unidos. Asimismo, los complejos y meticulosamente planificados atentados cometidos en Europa, como los ataques con bombas en trenes que tuvieron lugar en Madrid en 2004 y los ocurridos también con bombas en el transporte público de Londres en 2005, contribuyeron a la adopción de unas medidas que dificultaron mucho a los grupos islamistas llevar a cabo atentados a gran escala similares. Como consecuencia de ello, la estrategia de Al Qaeda pasó de los atentados a gran escala perpetrados directamente por miembros de la organización o de sus diversas células a fomentar que terceras personas realizaran atentados de menor envergadura en su nombre, táctica que luego también adoptó la organización Estado Islámico. Anteriormente había tenido lugar un proceso similar en Estados Unidos, donde los grupos supremacistas blancos tenían cada vez más dificultades para actuar ante la presión de la vigilancia gubernamental, gestándose el concepto «resistencia sin líderes», según el cual las células independientes de menor tamaño eran más eficaces en la práctica de la guerra de guerrillas. A principios de la década de 1990, este concepto se había convertido paulatinamente en la idea de que una única personal, con motivación, formación y recursos suficientes, también podía perpetrar actos de terrorismo.

Sin embargo, esto explica solo en parte el hecho de que haya personas que cometen actos de terrorismo de actor solitario. Un examen más detenido de sus historias pone de manifiesto que, en ocasiones, también intentan unirse a grupos existentes o incluso tratan de crear los suyos propios. Anders Breivik había intentado sin éxito integrarse en varios círculos de Internet y grupos de extrema derecha en los que consideraba que las demás personas compartirían sus opiniones, pero fracasó de manera sistemática; por consiguiente, decidió crear su propia organización, «Los Caballeros Templarios», en la que él era el único miembro. Por tanto, la decisión de recurrir al terrorismo de actor solitario en lugar de unirse a un grupo terrorista puede tener carácter voluntario, por el afán de reducir las probabilidades de que se descubra su existencia, o involuntario, por la imposibilidad de unirse a un grupo existente.

¿Qué hemos aprendido? 

El caso de Axel Rudakubana en el Reino Unido no fue calificado de atentado terrorista; la fiscalía lo definió como homicidio múltiple, y el apunte sobre la condena señala que la culpabilidad del autor es equivalente en su gravedad a los asesinatos terroristas. En el momento de redactar este informe no había información pública disponible que pareciera indicar que hubiera algún motivo político subyacente a los actos brutales cometidos por el joven de 17 años, lo que acerca este incidente más a los tiroteos escolares que a los atentados terroristas de actor solitario. Su posible contribución a nuevos episodios de violencia, como evidencian las protestas a gran escala que sucedieron al ataque, no se debe pasar por alto. Este incidente ilustra lo difícil que puede ser distinguir el terrorismo de actor solitario de otras formas de violencia extrema ejercida por personas que actúan en solitario. A menos que futuras investigaciones o declaraciones del propio Rudakubana arrojen nueva información en sentido contrario, su caso puede considerarse un ejemplo de lo que no constituye terrorismo de actor solitario.   

No obstante, como se ha expuesto en este artículo, no han faltado ejemplos de incidentes violentos en las últimas décadas que, sin duda, cumplen los criterios necesarios para ser considerados terrorismo de actor solitario. Este fenómeno evolucionó notablemente en Europa entre 2001 y 2021, haciéndose más frecuente a partir de 2010. Ha sido una estrategia a la que han recurrido terroristas tanto islamistas como de extrema derecha, y hay muy pocos ejemplos de actos terroristas de izquierda, etnonacionalistas o centrados en una cuestión específica cometidos en solitario. Este tipo de terrorismo ha adoptado muchas formas: apuñalamientos selectivos, como el perpetrado por Ali Harbi Ali en Reino Unido en 2021, que se saldó con la muerte del político británico David Amess; apuñalamientos múltiples, como el ataque de Abderrahman Bounane, en Finlandia en 2017, que se saldó con dos muertes; tiroteos masivos, como el perpetrado por David Sonboly en Alemania en 2016, con nueve muertes más la del atacante, o incidentes en los que se utilizaron vehículos como armas, como el ya mencionado caso de Mohamed Lahouaiej Bouhlel, que en 2016 cometió en Niza un atentado que causó la muerte de 86 personas. La gran mayoría de todos ellos fueron perpetrados por hombres, salvo en contadas excepciones como el ejemplo de Roshonara Choudhry, autora del atentado contra el político británico Stephen Timms en Reino Unido en 2010. Los actos terroristas de actor solitario varían considerablemente en cuanto a complejidad y letalidad, y van desde ataques con arma blanca relativamente sencillos, como el caso de Choudhry, hasta algunos de mayor complejidad como el atentado con bomba en Oslo y posterior tiroteo en la isla de Utoya de Anders Breivik en 2011. 

El dramatismo de los actos terroristas de actor solitario, especialmente para quienes han perdido a seres queridos o han sufrido graves lesiones, está fuera de toda duda. Y, aunque para las sociedades en general, y los países europeos en particular, no se trata de una amenaza existencial, esta debe abordarse con la mayor eficacia posible. A la hora de combatir el fenómeno, las instancias decisorias europeas deben tener en cuenta los siguientes factores:

  • Como fenómeno, en el contexto europeo, el terrorismo de actor solitario probablemente persistirá. 

  • Los terroristas solitarios son más difíciles de identificar y encontrar que los vinculados con grupos y, por tanto, plantean desafíos diferentes para las fuerzas del orden.

  • El fomento del terrorismo de actor solitario puede ser una estrategia viable para los grupos terroristas que carecen de capacidad para perpetrar de forma directa atentados en Europa. 

  • No existe una solución única, y es importante que los gobiernos no reaccionen de forma desproporcionada limitando las libertades individuales de la ciudadanía ni imponiendo medidas de vigilancia invasiva.

  • Cuando se producen atentados terroristas de actor solitario, los gobiernos también deben estar atentos a su posible efecto dominó, incluido el de la radicalización, que puede tener en determinados sectores de la población. 

  • Los organismos de lucha contra el terrorismo deben ser más proactivos, y no solo reactivos, sin perder de vista las nuevas tecnologías que puedan utilizar las personas extremistas.

También existe una tendencia preocupante –al menos en el contexto del Reino Unido, donde se ha registrado un aumento creciente del ya elevado número de menores de edad que se derivan a los programas de desradicalización existentes en el país– que indicaría que las personas extremistas podrían estar empezando a cometer actos de violencia a edades más tempranas. A esto contribuye la accesibilidad de los materiales extremistas en Internet, pues resulta muy difícil limitar la difusión de este tipo de materiales, sobre todo si se tiene en cuenta el aumento del número de plataformas de medios sociales diferentes.

Por último, en lo que respecta a la tecnología, al igual que la invención de la dinamita en 1867 permitió un grado de destrucción que antes era imposible que una sola persona lograra por su cuenta (un momento de la historia que, de hecho, coincidió con el auge de una oleada de terrorismo anarquista), la actual eclosión de nuevas tecnologías también podría tener un potencial destructivo –ahora insospechado– para el terrorismo del futuro. La aparición de la inteligencia artificial (IA) podría ofrecer nuevas posibilidades a las personas extremistas, y la impresión en 3D ya ha hecho saltar las alarmas porque permite fabricar armas, incluidas las de fuego.

Teniendo en cuenta estos desafíos, las autoridades políticas y encargadas de la seguridad de toda Europa deberán permanecer sin duda alguna atentas a la aparición de terroristas solitarios en el futuro, ya que se enfrentarán a formas cada vez más ingeniosas de perpetrar atentados.

Referencias bibliográficas

Borum, R.; Fein, R. y Vossekuil, B. «A dimensional approach to analyzing lone offender terrorism», Aggression and Violent Behaviour, vol. 17, n.º 5 (2012), p. 389-396.

EUROPOL. «EU Terrorism Situation & Trend Report (TE-SAT)» Informes anuales 2002-2024 (en línea) https://www.europol.europa.eu/publications-events/main-reports/tesat-report [Fecha de consulta 20.01.2025].

Gill, P. Lone Actor-Terrorists - A Behavioural Analysis. Nueva York: Routledge, 2015.

Holzer, J. C.; Dew, A. J.; Recupero, P. R. y Gill, P. Lone-Actor Terrorism - An Integrated Framework. Nueva York: Oxford University Press, 2022.

Spaaij, R. Understanding Lone Wolf Terrorism. Nueva York: Springer, 2012.

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DOI: https://doi.org/10.24241/NotesInt.2025/314/es