El ímpetu económico de Marruecos

Notes internacionals CIDOB_316
Nota Internacional 316
Fecha de publicación: 03/2025
Autor:
Francis Ghilès, investigador sénior asociado, CIDOB
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En las dos últimas décadas, la economía marroquí ha experimentado una notable mejora, impulsada por la expansión del Maroc utile, el crecimiento de una nueva clase media –con un número cada vez mayor de funcionarios y emprendedores privados altamente capacitados– y la apertura económica del país.

Sin embargo, para afianzar las reformas, la monarquía alauí debe afrontar las enormes disparidades sociales y regionales. Asimismo, ha de promover un debate más libre y amplio sobre los retos a los que se enfrenta Marruecos en un mundo que está experimentando un cambio radical.  

 

«Lo que nos hace falta es un rey, como tienen los marroquíes». El autor de esta inesperada ocurrencia fue el jefe de gabinete del presidente argelino, Chadli Bendjedid, el general Larbi Belkheir. Fue pronunciada en 1991, cuando los fuertes vientos en contra de los audaces esfuerzos por reformar la economía de planificación centralizada del país más grande de África empezaban a desbaratar la política del entonces Gobierno reformista. Dos años más tarde, Argelia estaba sumida en una encarnizada guerra civil.

Tras el impago de su deuda externa en 1983 y la constatación por parte del rey Hassan II de que «todo debe cambiar para que todo siga igual», Marruecos inició reformas económicas a principios de la década de 1990. Esta célebre cita de Tancredi, el querido sobrino del príncipe Fabrizio Salina en la célebre novela El gatopardo, escrita por Giuseppe Tomasi di Lampedusa, resume el enfoque de las reformas que dos monarcas marroquíes sucesivos han adoptado en el último medio siglo. A inicios de los años noventa, algunos altos funcionarios estadounidenses dudaban mucho de que la dinastía alauí, que gobernaba Marruecos desde 1666, durara mucho más allá de los primeros años del siglo xxi.  Y es que, aunque la dinastía ha consolidado su poder económico, sigue siendo incierto si las políticas tomadas del recetario del Consenso de Washington podrán conseguir reducir las flagrantes desigualdades sociales y hacer que la monarquía sea más responsable ante un verdadero proceso democrático.

Confianza en el futuro

Altos directivos de los sectores industrial y financiero de la capital económica de Marruecos, Casablanca, muestran hoy una actitud de confianza que era impensable hace una generación: confianza hacia la futura dirección económica de su país –el cual perciben como un cruce de caminos entre el Atlántico, Europa y Oriente Medio, una puerta de entrada a África–; un país cuyos principales socios comerciales y de inversión siguen siendo los países europeos, pero donde la presencia de empresas provenientes de Turquía, los países del Golfo y China es cada vez mayor. Marruecos tiene acuerdos comerciales con la Unión Europea (UE) –siendo sus dos principales socios España y Francia–, y un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Asimismo, ofrece un ejemplo de la máxima paradoja de la absurdidad geopolítica: en 2021, tras la escalada de tensiones con su vecino occidental, Argelia, se negó a renovar el contrato que permitía que el gas de este viajara a España y Portugal a través del gasoducto Magreb-Europa, que atraviesa Marruecos y fue inaugurado en 1996 (Marruecos se llevaba sus derechos de paso en forma de gas). Así, Marruecos ha pasado a importar gas natural licuado (GNL) de Rusia, que se regasifica en España antes de ser devuelto al país norteafricano, lo que hace perder todo el sentido a la lógica energética.

Las relaciones entre Marruecos y Argelia llevan años congeladas, por lo que las esperanzas de un Magreb unido que habían surgido con el cambio de siglo se encuentran en un profundo letargo (Ghilès, 2006). Sin embargo, las consecuencias de ello han sido totalmente beneficiosas para Marruecos, ya que han animado a los principales actores económicos marroquíes, como el Grupo OCP –el monopolio estatal de fertilizantes y roca fosfórica–, bancos como Attijariwafa Bank y Banque Marocaine du Commerce Exterieur, y decenas de grupos industriales a aumentar su presencia en otros lugares, como Brasil, regiones de África, Oriente Medio, India y China, mientras los vínculos económicos con Israel florecen. Las malas relaciones con Argelia han sido una ventaja inesperada, ya que han forzado a los empresarios y diplomáticos marroquíes, firmemente alentados por el monarca, a decidir que el mundo estaba a su alcance, al verse obligados a entablar relaciones con socios mucho más modernos y exigentes que Argelia. La Casablanca Finance City de Casablanca representa un símbolo perfecto de la ampliación de miras de las élites económicas y financieras del reino alauí. No obstante, la apertura de las fronteras en el Norte de África aportaría aún más ventajas a todos los países de la región, ya que añadiría aproximadamente un 2% al PIB cada año (ibidem). 

El futuro depara importantes retos 

La historia de éxito de Marruecos contiene algunas reservas. La disparidad en los ingresos sigue siendo enorme y la población activa tiene un nivel educativo bajo. «La duración media de la escolarización de la población marroquí era de 5,6 años en 2019, y un tercio de la población sigue siendo analfabeta (el 42% de las mujeres). En 2018, más de las tres cuartas partes de la población activa empleada carecía de estudios o solo tenía estudios primarios, y solo el 12% tenía la educación secundaria, y apenas el 10% la educación postsecundaria» (Grupo del Banco Mundial, 2021). Estas cifras son desalentadoras e insostenibles, si Marruecos quiere despegar económicamente y evitar el tipo de revuelta social de la que ha sido testigo la región nororiental del Rif en los últimos años. En términos regionales, la riqueza, el empleo, la sanidad y la educación se concentran en torno a tres ejes: Casablanca-Settat; Rabat-Salah-Kenitra y Tánger-Tetuán, los cuales concentran el 77% de los empleos industriales1 y, los dos primeros, el 48,4% de los médicos. Si a las dos primeras regiones se les añaden las ciudades de Marrakech, Fez y Meknes, las tres regiones concentran el 72% de los médicos (Akesbi, 2022). Esto convierte a las otras ocho regiones del país en desiertos de atención médica; y las mismas proporciones son válidas para el sector de la educación. Millones de jóvenes marroquíes se ven así excluidos a una edad temprana de cualquier esperanza de recibir una buena educación, disponer de una asistencia sanitaria digna y conseguir un buen empleo. Esto explica por qué millones de ellos sueñan con huir de su país, principalmente en pateras ilegales, en busca de una vida mejor en Europa. La COVID-19 sacó a la luz un dato preocupante: 25,5 millones de marroquíes –el 70% de la población– llevan una vida muy precaria (ibidem), una situación que parece improbable que cambie con unas tasas medias de crecimiento anual del 1,1% desde 2020 (World Bank, 2024).

Las familias gobernantes de Marruecos poseen una gran riqueza, y tal concentración de poder limita las posibilidades de acceso a los recién llegados. La clase media está creciendo, pero no a un ritmo lo suficientemente rápido. El cambio climático, que ha provocado una sequía de seis años en el centro de Marruecos, ha sumido en la miseria la vida de millones de agricultores pobres. Todos los marroquíes coinciden en que el capitalismo clientelista sigue siendo una lacra. En un libro de referencia que sigue vigente aun el paso del tiempo, John Waterbury señalaba que el Estado marroquí seguía siendo «el centro de gravedad de la actividad económica. El capital, ya sea extranjero o nacional, depende del Estado, de los contratos que este concede y del apoyo logístico que ofrece».

¿Se ha modernizado la economía?

Cuatro factores clave han contribuido al progreso económico del país desde la década de 1990.

El primero consiste en la extensión del Maroc utile, esa parte del país bien comunicada gracias a un transporte moderno que fomenta la inversión privada. En la década de 1980, esa zona se extendía a lo largo de una estrecha franja costera junto al Atlántico entre Casablanca y Kenitra, al norte de la capital política, Rabat. Hoy es un área que se ha extendido hasta el puerto septentrional de Tánger, donde la creación de un puerto intercontinental en el cambio de siglo ha sido un gran éxito, al integrar en la economía nacional una parte de lo que tradicionalmente era una región pobre y rebelde. Se han creado decenas de miles de puestos de trabajo, sobre todo en los sectores de los componentes de automoción y aeronáutica: aquí se ensamblan 600.000 coches que se exportan a todo el mundo, pero sobre todo a Europa y África; Stellantis fabrica 200.000 motores en Kenitra, y emplea a miles de ingenieros marroquíes. Además, las fábricas no son solo plantas de ensamblaje. La industria moderna ha disciplinado más a los bereberes del Rif, famosos por su rebeldía, que el severo gobierno del difunto rey Hassan II. Aunque los críticos sostienen que los grandes inversores extranjeros disfrutan de las ventajas que ofrecen la «tierra libre» y las exenciones fiscales, lo cierto es que la revolución en marcha es incuestionable. 

Al sur de Casablanca, en la carretera que conduce a Marrakech, se encuentra Settat, la zona minera de fosfatos de Ben Guerir, los puertos de Jorf Lasfar y Safi, donde los fosfatos se han convertido en el núcleo de la actividad económica. El monopolio estatal de fosfatos del Grupo OCP ha aumentado enormemente el porcentaje de roca que se transforma en fertilizantes, los cuales en su mayoría se exportan; ha mejorado un medio ambiente dañado por un siglo de minería; y ha construido escuelas y una universidad que ofrecen a los hijos de los mineros la esperanza de recibir una mejor educación y aspirar a empleos más valorados. Marrakech, la tradicional capital del sur, se ha convertido en un importante centro de conferencias internacionales, beneficiándose en gran medida del auge de un mercado turístico –10 millones de visitantes a Marruecos en 2010, 17 millones en 2024– que se inclina hacia el turismo de clase media y alta. El turismo también está fomentando el desarrollo de varios complejos turísticos a lo largo de la costa atlántica, al norte y al sur de Agadir (surf y kitesurf) y en muchos pueblos del Alto Atlas, donde proliferan los servicios de alojamiento y desayuno. Sin embargo, la lentísima e inadecuada respuesta del Estado al devastador terremoto que asoló las altas montañas al sur de Marrakech, en septiembre de 2023, habla de un Estado cuyo alcance a las zonas más pobres es ineficaz y, a menudo, corrupto.

El segundo factor es el creciente número de funcionarios y emprendedores privados muy competentes que, aunque ya existían en el año 2000, su número ha crecido a pasos agigantados. El capitalismo clientelista presente no resta valor a la existencia de un alto funcionariado, un cuerpo diplomático y una masa crítica de ingenieros y tecnócratas que saben bien cómo funciona el mundo, viajan mucho al extranjero y hablan inglés, siendo esto último una rara avis en los años ochenta del siglo pasado. Un número creciente de marroquíes que han estudiado y vivido en el extranjero durante una década o más están regresando al país de origen porque intuyen que les ofrecerá nuevas oportunidades. Imade Elbaraka, socio de Deloitte, creó en 2022 un grupo en la sucursal marroquí de la empresa en Casablanca que se centra en la ciberseguridad para los clientes de la compañía alrededor del mundo. Muchos marroquíes bien formados como Elbaraka, que se educaron en Marruecos y fueron a estudiar a Europa antes de regresar a su país, son portadores de ideas innovadoras. A menudo tienen doble nacionalidad y aportan una visión bien informada del mundo a las élites de un reino que durante siglos dio la espalda a sus ciudades costeras y mostró escaso interés por otros países. La diáspora marroquí de personas con estudios se extiende por Europa, América del Norte y los países del Golfo. Muchos de sus miembros están fundando nuevas empresas en Marruecos, manteniendo un pie en dos continentes.

¿Está creciendo esta nueva clase media con suficiente rapidez? ¿Están las élites tradicionales ampliando su base de reclutamiento? El economista Najib Akesbi (2022) tiene sus dudas al respecto, pero pienso que el ímpetu del momento, que parece imparable, importa más que las cifras concretas. Y es que el número de marroquíes bien formados que conocen el mundo y lo recorren –trabajen para el Estado o para el sector privado– está creciendo rápidamente. Compárese esta situación con el intento fallido de democratización de Túnez iniciado en 2011, que está contribuyendo a la destrucción de las élites del país. ¿Significa eso que el fuerte control del monarca y sus consejeros sobre el poder y las dádivas económicas que pueden repartir ofrece una mejor solución? De lo que no cabe duda es de que los verdaderos avances en Marruecos de los últimos años no fueron anunciados. La presencia cada vez mayor de mujeres ocupando altos cargos –Lamia Merzouki, subdirectora del Casablanca Finance City, es un ejemplo representativo de muchas de ellas– es otro cambio importante. Ello no subestima la necesidad de un Plan Marshall para la educación; si este no se lleva a cabo, el proceso de modernización acabará por estancarse. Sin duda, la élite marroquí siente que, en términos regionales, ha obtenido buenos resultados, pero la autocomplacencia sería peligrosa.

Asimismo, el aumento del poder blando del reino alauí en el extranjero merece prestarle atención. Un número creciente de festivales de música atrae a Marruecos a miles de artistas internacionales del mundo del pop, el heavy metal y la música clásica. La música sufí en Fez y la cultura bereber en Agadir han situado a ambas ciudades en el mapa cultural mundial. La artesanía y la ropa tradicionales marroquíes se han modernizado y se venden bien a los extranjeros que han acudido masivamente a comprar una casa en Marrakech y otros lugares. Películas atrevidas han roto tabúes. Desde que se enfrentó a una prensa occidental hostil tras el estallido de la crisis del Sáhara Occidental en 1975, Marruecos ha sabido remodelar su imagen. La organización de la próxima Copa del Mundo de Fútbol en 2027, junto con España y Portugal, reforzará aún más la imagen de un país en el que conviven pacíficamente la tradición y la alta tecnología.

Por otro lado, la enorme inversión marroquí en energía verde busca convertir al país en un actor clave de la descarbonización. La energía solar y eólica a lo largo de la costa atlántica, junto con el hidrógeno verde, ofrecen la posibilidad de construir megacentros de datos. Así, Marruecos podría convertirse en proveedor de energía para la UE y el Reino Unido. El proyecto Xlinks prevé la construcción en Marruecos de un centro de producción de energías renovables que acoplaría las capacidades eólica, solar y de las baterías, desplegando un conector unidireccional de corriente continua de alta tensión (HVDC) hacia el Reino Unido. Con una longitud aproximada de 4.000 km, sería el cable eléctrico submarino más largo del mundo. El proyecto, con un coste de 22.000 millones de libras (28.000 millones de dólares), cubriría aproximadamente el 8% de la demanda de electricidad del Reino Unido. Además, Marruecos podría suministrar pronto energía a Francia a través de una posible conexión eléctrica entre Nador, en la costa mediterránea del país, y Marsella. «Marruecos puede pasar de ser un importador neto de energía convencional a un exportador neto de energía verde renovable», según Saïd Mouline, Director de la Agencia para la Seguridad Energética2

El tercer factor es el papel del Grupo OCP, que en veinte años ha pasado de ser una bella durmiente a convertirse en un ágil actor internacional, asumiendo además una función educativa. Según el US Geological Survey, Marruecos posee 50.000 millones de toneladas de reservas de roca fosfórica, es decir, el 70% de las reservas mundiales. Las exportaciones de fertilizantes representaron el 81% de las exportaciones del Grupo OCP en 2024, frente al 43% en 2005 (estadísticas de OCP). Este grupo ha creado una red mundial de empresas mixtas con países de África (como Etiopía) y América del Sur (como Brasil), entre otros, todos ellos deseosos de modernizar un sector agrícola que debe producir más alimentos para abastecer a una población creciente y hacer frente al reto del cambio climático. Un fenómeno, este último, que ya está afectando a Marruecos, donde la sequía ha reducido las cosechas en las llanuras costeras centrales durante siete años consecutivos. El Gobierno ha confiado al Grupo OCP la construcción de plantas desalinizadoras, de las cuales seis ya están en funcionamiento. Asimismo, OCP también mantiene estrechos vínculos con la India, gran consumidora de fertilizantes, y China. Esta creciente presencia internacional encaja perfectamente con los objetivos declarados del Gobierno marroquí de incrementar sus vínculos diplomáticos y económicos con el mayor número posible de países, especialmente en África.

La idea misma de que Casablanca sea una puerta de África, una ciudad desde la que parten vuelos a la mayoría de las capitales africanas, pero también a Beijing y Nueva York, se sustenta en las actividades en el extranjero del Grupo OCP, así como de los principales bancos y empresas privados marroquíes. Observando desde el despacho del CEO del Casablanca Finance City, Said Ibrahimi, el nuevo barrio de negocios de Anfa –construido en el emplazamiento del antiguo aeropuerto donde se reunieron Churchill, Roosevelt y los generales De Gaulle y Giraud en 1943– se confirma que el urbanismo se está tomando en serio, algo que también se percibe en Marrakech, Rabat y Tánger. Dicho esto, África no es un lugar fácil para invertir, pero destacados marroquíes señalan la necesidad de desarrollar una política europea más proactiva hacia el continente. Algunas empresas europeas comparten esta visión, pero que sus gobiernos también lo hagan es otra cuestión. 

Las ambiciones educativas del Grupo OCP están simbolizadas por la creación en 2013 de la Universidad Politécnica Mohamed VI en Rabat, que también cuenta con un importante campus en Ben Guerir, donde se extrae la roca fosfórica, y en otras ciudades marroquíes. Cada uno de ellos se especializa en la investigación y la enseñanza centradas en un tema concreto. El campus de Rabat es especialista en las ciencias duras, la innovación y las nuevas tecnologías; la más reciente Escuela de Agricultura, Fertilización y Ciencias Medioambientales aspira a convertirse en líder en África, donde la seguridad alimentaria es una cuestión clave. Otras áreas de interés son la arquitectura y la planificación, la informática y las ciencias biológicas y paramédicas. El profesorado es internacional, así como los estudiantes. La Universidad Politécnica Mohamed VI se basa en una visión anglosajona de la enseñanza superior que el CEO del Grupo OCP desde 2005, Mostafa Terrab, trajo consigo tras su estancia en el MIT de Boston y su trabajo para el grupo estadounidense Bechtel. Estas instituciones están llevando a Marruecos al siglo xxi, formando una élite que mira hacia el exterior, lo que contribuye al considerable poder blando del reino. Sin embargo, estas instituciones no ofrecen ninguna respuesta a las enormes desigualdades en el acceso a la educación de la mayoría de los marroquíes. Hasta la fecha, el Estado no parece tener la voluntad política ni, menos aún, los conocimientos necesarios para hacer frente a este importante reto.

Terrab ha contribuido decisivamente a transformar el Grupo OCP, al darle un papel y un poder de los que no gozaba antes de su nombramiento. Al crear filiales con empresas extranjeras, que permiten a la compañía operar según las normas internacionales en vez de con las fuertes restricciones burocráticas marroquíes, se ha dado a sí mismo libertad de acción para disponer de una rapidez en la toma de decisiones que es clave para el éxito en este mundo que avanza a gran velocidad. El CEO del Grupo OCP es uno de los muchos tecnócratas altamente cualificados que simbolizan el nuevo Marruecos y, aunque los aspectos políticos de su cargo permanecen ocultos, la cuestión clave es que el monarca comprende la necesidad de nombrar a tecnócratas competentes, con formación internacional, permitiéndoles ocupar el mismo puesto durante años. Cabe preguntarse cuál es el peso de ciertos ministros cuando se enfrentan a este tipo de profesionales.

El cuarto factor está relacionado con el carácter abierto de la economía marroquí, que quedó simbolizado por la decisión del entonces primer ministro, Driss Jettou (2002-2007), de firmar en 2006 el acuerdo Open Sky con la UE, dejando el reto de garantizar la supervivencia de la compañía aérea nacional, Royal Air Maroc, a su CEO, Driss Benhima, un brillante tecnócrata que había ocupado varios altos cargos anteriormente. Aunque hubo una fuerte oposición, la decisión ha beneficiado a Marruecos: los vuelos son más baratos que a Túnez y varias compañías internacionales operan en el país. En cambio, en Túnez, que no ha firmado el Open Sky, la compañía estatal Tunis Air lleva años en una situación de quiebra de facto y el número de compañías internacionales que operan dentro y fuera del país es mucho menor que en Marruecos.

Algunos críticos señalan el alto nivel de la deuda externa del país, pero pasan por alto un punto esencial. Parte de esa deuda se debe a la carrera armamentística con Argelia. Durante el último medio siglo, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí han aceptado pagar esa factura, y nada indica que ese apoyo vaya a disminuir. Sería más realista calcular la deuda externa de Marruecos restando el importe adeudado a esos dos países. A menudo se exagera la amenaza que el ejército argelino podría suponer para Marruecos: desde el ataque al yacimiento de gas Tigantourine, en el este de Argelia, en febrero de 2013, por parte de un comando islámico que cruzó la frontera desde Libia, Argelia ha redesplegado masivamente sus fuerzas armadas en su frontera oriental y sudoriental. El alto mando argelino considera que la OTAN es una amenaza mucho mayor que Marruecos, sobre todo desde que esa organización logró derrocar al líder libio Muamar el Gadafi en 2011.

Algunos economistas cuestionan las virtudes de la liberalización

Najib Akesbi (2022) es posiblemente el economista marroquí más respetado que cuestiona los verdaderos logros económicos de las dos últimas décadas. John Waterbury sostenía en su famoso libro que era «ilusorio» creer que los emprendedores estaban dispuestos a asumir riesgos y «sinceramente interesados en el desarrollo a largo plazo de Marruecos». El respetado académico francés Remy Leveau señalaba que esas personas «no aspiraban a tomar decisiones a largo plazo, sino simplemente a estar presentes en el proceso de elaboración de normas» (en Tangeaoui, 1993). Esto nos lleva de nuevo al papel de un Estado que ejerce un control sobre todos los niveles de la actividad económica. Como señaló un antiguo y brillante economista, Salahedine Mezouar (2019), que en su día presidió la Confederación General de Empresas de Marruecos (CGEM): «se ha creado una cultura en la que el sector privado espera a ver qué hace el Estado para seguir su ejemplo. La empresa privada se equipara a menudo con la capacidad de una empresa para obtener contratos estatales». Este economista cuestiona la capacidad, incluso la voluntad, de asumir riesgos por parte de lo que son esencialmente empresas familiares, y calcula que solo un tercio de la inversión proviene del sector privado. El Alto Comisionado de Planificación ha publicado informes que cuestionan el rendimiento del capital de esas enormes inversiones estatales. La esencia del capitalismo es asumir riesgos. Si solo los grupos estatales como el Grupo OCP se atreven a asumir riesgos, eso plantea interrogantes sobre la futura resiliencia económica de Marruecos.

Las inversiones estatales, que el antiguo primer ministro Driss Jettou tachó en su día de «ineficaces», sustituyen a las privadas, lo que plantea tres interrogantes en cuanto a su volumen, su eficacia y su capacidad de generar crecimiento económico y empleo. Tangier Intercontinental es un éxito, pero ¿qué sentido tiene construir una línea de TGV entre Tánger y Casablanca? Es necesario subvencionar los billetes, porque la mayoría de los pasajeros no pueden permitirse pagar sus elevados precios. Algunos aeropuertos funcionan muy por debajo de su capacidad, el tráfico en algunas autopistas es escaso porque la gran parte de los conductores no pueden asumir el pago de los peajes. La crítica más generalizada es que estas inversiones no crean los puestos de trabajo que se necesitan desesperadamente (El Ameli, 2018). Las grandes inversiones extranjeras directas (IED) no tienen un efecto de goteo en las pequeñas y medianas empresas, que son las que ofrecen muchos empleos intermedios. El hecho de hacer Marruecos más atractivo para insertar al país en las redes mundiales es positivo, pero ¿dónde quedan las necesidades sociales de millones de marroquíes pobres? 

Las políticas liberales aplicadas durante la última generación han reportado beneficios económicos. Sin embargo, muchos economistas, no solo de la izquierda del espectro político, han reprobado algunos de los beneficios del Consenso de Washington. El Banco Mundial, que durante décadas aplaudió la política económica del reino alauí, lamenta ahora la debilidad del sector privado, llegando incluso a revelar lo que todo el mundo sabe desde hace décadas, que en el tan difamado sector informal el 81,6% de todo el empleo corresponde a empresas con menos de 10 empleados (Banco Mundial, 2024). Sus análisis reflejan los del muy respetado informe anual del banco central marroquí. Desde 2003, Bank Al-Maghrib ha estado dirigido por uno de los servidores del rey más notables de la historia moderna, Abdellatif Jouhari. El hecho de que el Banco Mundial se sorprenda del fracaso de las políticas liberales promovidas por el Consenso de Washington no debería sorprendernos. Tras la «revolución de la dignidad» en Túnez en 2011 el Banco Mundial «descubrió» que su admiración por los resultados económicos de ese país era injustificada (o tal vez motivada políticamente).

La corrupción sigue siendo un grave problema en un sistema económico que no rinde cuentas a ningún proceso democrático, donde no hay medios de comunicación libres y en el que los partidos políticos son una baraja de cartas en manos del poder, concentrado en la persona del rey y sus consejeros. El poder no puede ser cuestionado, y menos aún por el Parlamento, salvo en algunos círculos restringidos. Los documentos críticos con la política oficial son públicos, pero pocos marroquíes han oído hablar de ellos. El propio monarca se ha preguntado públicamente en más de una ocasión por qué no se registra un mayor crecimiento económico, ni se crean más puestos de trabajo. Es consciente de que el 10% de los marroquíes más ricos posee el 37,8% de la riqueza del país, mientras que el 10% de los más pobres posee solo el 2,2%. Está al corriente de que, en 2020, según el Bank al Al-Maghrib, la deuda del Estado representaba el 92% del PIB. Además, reconoce que a Marruecos le resulta muy difícil crear valor añadido. España y Francia representan el 49% de sus exportaciones y el 28% de sus importaciones. Un gran reto al que se enfrenta Marruecos en los próximos años es replantearse, en cierta medida, su modelo de desarrollo económico, así como aplicar políticas que creen muchos más puestos de trabajo y permitan a millones de jóvenes marroquíes adquirir una mejor educación y cualificación. Nadie niega que el monarca ha dado muestras de clarividencia en muchas de sus decisiones, pero dotar de mayor transparencia al sistema es el precio que, tarde o temprano, habrá que pagar si se quiere acelerar el crecimiento económico, repartir mejor la riqueza y garantizar la estabilidad política del futuro.

Ante la necesidad de hacer frente a los enormes retos económicos a los que se enfrentaba Marruecos a principios de la década de 1990, el rey Hassan II creó el G14, un think tank que reunía a los catorce mejores economistas y empresarios del reino. De este grupo surgieron numerosas ideas, como la creación de un nuevo puerto en Tánger en respuesta a una larga huelga de estibadores en Casablanca que en 1998 amenazaba con ahogar la economía. La voluntad de reforma de su sucesor no estaba en absoluto asegurada cuando este subió al trono en 1999 (Ghilès, 2001).

Marruecos ha progresado muy por encima de lo que muchos observadores creían posible hace veinte años. Estos cambios han planteado retos nuevos y más difíciles. Marruecos nunca podrá ser gobernado por un partido único, como en China o al estilo de los países del Golfo. Su tejido antropológico e histórico dicta lo contrario. Los alauíes tienen la ventaja de tener una legitimidad incuestionable porque llevan tres siglos y medio en el poder. El país ha sabido mantener un rumbo firme en un mundo cada vez más turbulento. En caso de que se produzcan, los cambios económicos y políticos audaces solo pueden surgir del monarca, que constituye de facto el centro del poder. En este contexto, si él o su sucesor no abordan las enormes desigualdades sociales que asolan Marruecos y la falta de libertad para debatir y publicar, fuera de los círculos de las élites, la monarquía corre el riesgo de hacer peligrar los avances logrados hasta ahora.

Referencias bibliográficas

Akesbi, Najib.  Maroc: une économie sous plafonds de verre. Des origines à la crise covid-19. Revue Marocaine des Sciences politiques et Sociales, Hors-Serie 4, vol. xxii (septiembre 2022). 

El Ameli, Lahcen. L’Economie de l’investissement. Aspects théoriques et analyses empiriques 1998-2015. Cas du Maroc.  Rabat: Al Maarif Al Jadida, 2018

Ghilès, Francis. King Mohamed VI: Morocco's Moderniser? INSEAD, 2000.

Ghilès, Francis. «Le pays entre dans la mondialisation par effraction». Le Monde Diplomatique (junio 2001).

Ghilès, Francis. «L’Afrique du Nord sans frontières ou comment relever le défi de la mondialisation». AFKAR/IDEES (otoño 2006).

Mezouar, Salahedine. «L’Etat control tout».  Tel Quel (13-19 septiembre 2019).

Tangeaoui, Saïd. Les entrepreneurs marocains: pouvoir, société et modernité. Prólogo de Rémy Leveau. París : Karthala, 1993.

Notas:

1- Informe reciente de la Confederación General de Empresas de Marruecos (CGEM). 

2- Véase: «Morocco, The Green Kingdom | A documentary highlighting Morocco's Energy Revolution».

 Traducción del original en inglés: Camino Villanueva, Massimo Paolini y redacción CIDOB.

DOI: https://doi.org/10.24241/NotesInt.2025/316/es

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